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Design Thinking: ¿para qué sirve y cuáles son sus etapas?

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Design Thinking: ¿para qué sirve y cuáles son sus etapas?

Design thinking, o pensamiento de diseño, es una metodología centrada en las personas que sirve para resolver problemas complejos de negocio y crear productos, servicios y experiencias que los clientes realmente quieren. Se desarrolla en cinco etapas, empatía, definición, ideación, prototipado y pruebas, que van desde comprender al usuario hasta validar una solución antes de invertir en ella.

Con frecuencia se cita una cifra inquietante, según la cual el 84% de los proyectos de diseño fracasa por no comprender las necesidades reales de los usuarios. Aunque esa estadística circula en distintos materiales sin una fuente primaria clara, describe con exactitud lo que ocurre en la práctica cuando una empresa decide primero y pregunta después. El design thinking propone invertir ese orden.

Piense en un comité de dirección de una cadena minorista que debe decidir si invierte en un nuevo programa de fidelización. El equipo de mercadeo trae una propuesta pulida, el de tecnología trae un presupuesto, y finanzas pregunta lo único que importa, qué evidencia hay de que los clientes lo usarán. La sala queda en silencio, porque la propuesta nació de una reunión interna y no de una conversación con compradores. Es la situación para la que se creó el design thinking, y también la razón por la que hoy interesa menos a los departamentos de diseño que a quienes responden por los ingresos.

Este artículo explica qué es la metodología, cómo funcionan sus etapas, para qué sirve en una organización, en qué situaciones conviene usarla y cómo se conecta con la experiencia del cliente. Su propósito es darle a un directivo el criterio para decidir cuándo vale la pena aplicarla y qué debe exigir de un equipo que la utilice.

¿Qué es design thinking y por qué importa a la dirección?

Design thinking es una metodología que se basa en encontrar soluciones efectivas e innovadoras a problemas complejos, y que se centra en el ser humano, sus necesidades, sus trasfondos y sus deseos. Utilizarla permite entender a las personas afectadas por un problema, desde la empatía y la creación de ideas, y diseñar después una solución enfocada en el problema verdadero que beneficie tanto a la empresa como a sus clientes. También fomenta la experimentación y la investigación para resolver retos y construir prototipos, siempre con los usuarios en el centro.

La formulación más citada es la de Tim Brown, de IDEO, quien describió el enfoque en un artículo de Harvard Business Review como una disciplina que integra las necesidades de las personas, las posibilidades de la tecnología y los requisitos del éxito empresarial. Esa tríada explica por qué la metodología es multidisciplinaria. Ninguna área por sí sola ve el problema completo, de modo que se necesita la ayuda de distintos equipos y disciplinas para contar con una variedad de perspectivas.

Para un comité ejecutivo, la importancia es financiera antes que creativa. Cada proyecto de producto, de proceso o de experiencia consume presupuesto con una incertidumbre inicial muy alta. El design thinking es una forma ordenada de reducir esa incertidumbre antes de comprometer el gasto grande, dado que obliga a obtener evidencia de la gente que pagará por la solución.

<< Seis sombreros para pensar [Design Thinking] >>

¿Cuáles son las etapas del design thinking?

Para llegar a una solución correcta se necesita una serie de etapas, cada una con sus técnicas y herramientas. El proceso se divide en dos espacios, el del problema y el de la solución. En el primero se formula la pregunta correcta mediante las etapas de empatía y definición, y en el segundo se recorren tres etapas, ideación, prototipos y pruebas. El Design Council del Reino Unido describe una estructura equivalente en su Double Diamond, con las fases descubrir, definir, desarrollar y entregar, y subraya que el proceso no es lineal, porque lo descubierto en una fase puede enviar al equipo de vuelta al inicio.

Proceso de design thinking en cinco etapas, del espacio del problema al espacio de la solución

Empatía, la base del diseño

En la primera etapa se forma la base de todo lo que sigue. Aquí se identifica al usuario, sus necesidades y sus problemas, que en la jerga se llaman puntos de dolor. Es un proceso de comprensión, observación y escucha de sus experiencias y desafíos. Existen técnicas para recolectar esa información, entre ellas la entrevista, las preguntas 5 WH, la exploración de la experiencia y la observación de las interacciones.

La evidencia de que escuchar de cerca produce resultados comerciales es abundante. Cuando Bank of America trabajó con IDEO para entender cómo ahorraban sus clientes, los investigadores observaron a personas en Atlanta, Baltimore y San Francisco y detectaron que muchas redondeaban sus gastos por comodidad y que muchas madres tenían dificultades para ahorrar. De esa observación nació Keep the Change, un servicio que redondea al dólar siguiente las compras con tarjeta de débito y traslada la diferencia a una cuenta de ahorros. Según el medio especializado Core77, el programa atrajo a 2,5 millones de clientes. Ningún análisis de datos internos habría producido esa idea, porque el comportamiento clave ocurría en la vida cotidiana de los clientes y no en las bases de datos del banco.

<<Diseñando con empatía>>

Definir el problema

En la segunda fase el problema empieza a cobrar sentido. Se sintetiza y ordena la información recopilada, de modo que el equipo comprende lo que realmente necesita el usuario, cuáles son sus puntos de dolor y, sobre todo, cuál es la causa raíz. La técnica habitual es construir un buyer persona, un perfil del cliente que reúne lo que se escuchó y observó, con sus inconformidades y deseos.

Esta etapa es la más subestimada. Muchos equipos saltan de la conversación con clientes a la lluvia de ideas sin escribir con claridad qué problema van a resolver. El resultado son soluciones ingeniosas para preguntas equivocadas. Una buena definición cabe en una frase, nombra al cliente, describe su necesidad y señala por qué hoy no está resuelta.

Idear, buscar cantidad antes que calidad

La tercera etapa es la más creativa. El equipo se concentra en producir ideas con posibles soluciones, y en este punto se busca cantidad, para tener el mayor número posible y agruparlas por tipos. Entre las herramientas más utilizadas están la lluvia de ideas o brainstorming y los mapas mentales, y después de agrupar las ideas por su contenido, cada integrante puede añadir cambios o nuevas ideas sobre las de sus compañeros.

La disciplina clave es separar generar de evaluar. Un comité que critica cada propuesta apenas aparece produce, sin darse cuenta, la idea más segura y menos diferenciada. La evaluación llega después, con criterios claros.

Crear prototipos

Con las ideas generadas se seleccionan las mejores y se construyen prototipos de baja fidelidad, a los que luego se agregan características. El objetivo es mostrárselos al cliente y comprobar si el equipo se acerca a resolver el problema. Entre las técnicas disponibles se encuentran el storytelling, el storyboard, las maquetas y los prototipos de papel y digitales.

Un prototipo no es un producto reducido. Es una pregunta hecha tangible. Un banco que quiere lanzar un nuevo proceso de apertura de cuenta no necesita desarrollar el sistema para saber si el cliente lo entenderá, le basta con una secuencia de pantallas dibujadas y cinco personas dispuestas a recorrerla.

Pruebas

Finalmente, con el prototipo hecho, se entrega al cliente para recibir retroalimentación. Con la información brindada se añaden las mejoras correspondientes, y el ciclo se repite las veces necesarias hasta resolver el problema inicial. Aquí se ve el valor de que el proceso sea iterativo, porque una prueba puede reabrir la definición sin que ello signifique un retroceso. Significa que la empresa se equivocó barato.

¿Para qué sirve el design thinking en una empresa?

En términos prácticos, el design thinking sirve para innovar y ser creativo en el diseño de ideas para un producto, un servicio o un proceso, para trabajar en equipos multidisciplinarios, para resolver problemas de forma efectiva y para mantener el foco en el cliente. Detrás de esas cuatro funciones hay un beneficio de gestión más profundo, que es mejorar la calidad de las decisiones de inversión.

La investigación sobre el valor del diseño apunta en esa dirección. En su estudio sobre 300 empresas cotizadas durante cinco años, McKinsey encontró que las que lograron las mejores puntuaciones en su índice de diseño crecieron 32 puntos porcentuales más en ingresos y 56 puntos más en retorno total para el accionista que sus competidores. Los autores identifican como prácticas comunes la medición del diseño con el mismo rigor que los ingresos y los costos, la colaboración entre áreas y la iteración continua con los usuarios. Puede consultar el análisis completo en The business value of design. Conviene leer estas cifras como una correlación y no como una promesa, porque las empresas que invierten en diseño suelen ser también organizaciones mejor gestionadas.

Equipo aplicando design thinking para innovar en productos, servicios y procesos

¿Cuándo conviene usar design thinking?

La metodología resulta más útil cuando el problema es ambiguo, el cliente es parte del problema y el costo de equivocarse es alto. Se usa para innovar dentro de la empresa, para mejorar procesos, para solucionar un problema de un cliente o de una área interna, para crear productos y servicios nuevos y para diseñar la experiencia del cliente.

También hay situaciones en las que no es la herramienta adecuada. Cuando el problema está bien definido y solo hay que optimizar un indicador, como reducir el tiempo de un trámite repetitivo, un método de mejora de procesos es más directo. Cuando la restricción es regulatoria o técnica y no de preferencia del cliente, el diseño centrado en el usuario aporta menos. Reconocer estos límites es parte de usar bien la metodología, y evita que se convierta en un ritual que se aplica a todo.

Las industrias donde más rendimiento suele dar son aquellas con alta interacción con el cliente y procesos fragmentados. Una aseguradora puede usarla para rediseñar el momento del siniestro, un hospital para ordenar el recorrido del paciente desde la admisión hasta el alta, una empresa de telecomunicaciones para reducir las llamadas de clientes confundidos por una factura, y una compañía de servicios B2B para entender por qué los compradores abandonan una cotización a mitad de camino.

<<Herramientas Design Thinking>>

¿Cómo usar design thinking para mejorar la experiencia del cliente?

La experiencia del cliente es la percepción que tienen las personas sobre una empresa o marca, y el design thinking es una de las formas más directas de mejorarla porque parte de comprender esa percepción en lugar de suponerla. El método ayuda a conocer mejor las necesidades de los usuarios para formar buyer personas más fieles y construir un customer journey más cercano a lo que ocurre de verdad.

El mecanismo es sencillo. Por un lado, la etapa de empatía permite comprender las inconformidades y los deseos del cliente. Por el otro, el equipo define el problema con base en lo que descubrió, y a partir de esa definición genera ideas innovadoras para varias soluciones, que luego prueba. Quien aplica el ciclo completo no se limita a escuchar quejas, sino que transforma la comprensión del cliente en cambios concretos de proceso, de canal o de oferta.

Un ejemplo ilustrativo. Una cadena hotelera detecta que sus puntajes de satisfacción bajan durante el registro de entrada. En lugar de añadir personal de recepción, un equipo con representantes de operaciones, tecnología y servicio observa llegadas reales durante un fin de semana y descubre que el cuello de botella no es la velocidad de atención sino la verificación del pago, que se hace dos veces. Un prototipo de preregistro por mensaje elimina el paso, se prueba en un solo hotel y, si funciona, se extiende. La solución costó menos que contratar personal y atacó la causa.

Qué significa para la alta dirección

Para quien responde por el crecimiento, el design thinking tiene tres usos inmediatos. El primero es atraer y convertir mejor, porque una propuesta de valor construida a partir de entrevistas y observación comunica con el lenguaje del comprador, lo que eleva la conversión sin aumentar la inversión publicitaria. El segundo es retener, dado que los clientes se van en los momentos de fricción que la empresa no ve, y el mapeo de la experiencia los hace visibles. El tercero es la eficiencia, ya que descartar una idea en la fase de prototipo cuesta una fracción de descartarla después del lanzamiento.

Lo que un directivo debe exigir es evidencia. Antes de aprobar una inversión, conviene preguntar a cuántos clientes reales escuchó el equipo, qué problema definió con una sola frase, qué prototipo probó y qué cambió después de la prueba. Si las respuestas son vagas, la metodología se aplicó como decoración. Si son específicas, el comité está decidiendo con información que no tenía antes.

Cómo empezar la próxima semana

El camino más seguro es elegir un reto acotado con consecuencias comerciales visibles, como la tasa de abandono en un paso de compra o el motivo principal de las cancelaciones, y asignarlo a un equipo pequeño de áreas distintas. En los primeros días, ese equipo habla con un puñado de clientes y observa su uso real, sin proponer soluciones. Después sintetiza lo aprendido en una definición escrita y la somete a la crítica de la dirección. Solo entonces genera alternativas, construye un prototipo barato y lo prueba con usuarios.

La dirección tiene un papel concreto. Debe proteger el tiempo del equipo, pedir que le muestren lo aprendido y no solo lo propuesto, y aceptar que algunas ideas se descartarán. Una empresa que repite este ciclo tres o cuatro veces desarrolla una capacidad que no depende de un consultor ni de un taller, porque la forma de preguntar se vuelve parte de su cultura comercial.

Cómo le ayuda ICX

ICX Consulting, firma de consultoría en estrategia comercial y experiencia del cliente con sede en Miami, acompaña a empresas de Estados Unidos y Latinoamérica a aplicar el design thinking a retos concretos de ingresos, retención y servicio. Su servicio de consultoría en Design Thinking estructura la investigación con clientes, la definición del problema y las pruebas de prototipos, y se complementa con el diseño de customer journey maps y de propuestas de valor que traducen lo aprendido en decisiones. Cuando la solución exige tecnología, ICX la implementa sobre procesos ya validados.

Si desea empezar con una plantilla, puede usar el kit de mapa de empatía de ICX. ¿Quiere saber qué reto de su empresa merece un ciclo de design thinking? Solicite un diagnóstico con un consultor de ICX.

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto tarda un proyecto de design thinking?

Depende del alcance. Un ciclo acotado puede completarse en cuatro a seis semanas, mientras que el rediseño de una experiencia completa suele requerir varios meses con ciclos sucesivos. Lo decisivo es que la dirección reciba aprendizajes cada pocas semanas y no un resultado final al cabo de un semestre.

¿Es lo mismo design thinking que diseño gráfico o de producto?

No. El diseño gráfico o de producto se ocupa de la forma de un resultado. El design thinking es un método para decidir qué problema resolver y qué solución probar, y lo pueden aplicar equipos de ventas, finanzas, operaciones o servicio al cliente, no solo diseñadores.

¿Qué diferencia hay entre el espacio del problema y el espacio de la solución?

El espacio del problema agrupa empatía y definición, y su meta es entender bien qué se debe resolver. El espacio de la solución agrupa ideación, prototipado y pruebas, y su meta es descubrir cómo resolverlo. Confundirlos lleva a proponer respuestas antes de haber formulado la pregunta.

¿Cuántos clientes hay que entrevistar?

No existe una cifra única. En la práctica, un equipo empieza a detectar patrones repetidos después de ocho a doce conversaciones bien conducidas con un mismo tipo de cliente. Si los segmentos son muy distintos, hay que entrevistar a cada uno por separado.

Las empresas que prosperan no son necesariamente las que tienen más ideas, sino las que aprenden más rápido qué quieren sus clientes. Si su organización está evaluando un lanzamiento, un rediseño de proceso o una mejora de la experiencia del cliente, vale la pena conversar sobre cómo llevar esa pregunta a la calle antes de llevarla al presupuesto.

Si desea leer más al respecto, puede consultar Design Thinking y Importancia del diseño de la experiencia del cliente.

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