El margen de un hotel depende de las estrategias de pricing
El problema estructural se da cuando el margen se analiza como un resultado y no como una decisión
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9 minutos de lectura
Mario Oviedo | 29/05/2025
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Mario Oviedo | 29/05/2025
Automatizar las reservas de alojamiento con Revenue Management significa que el hotel deja de reaccionar a la demanda y empieza a administrarla: sistemas conectados capturan qué busca cada huésped potencial, por qué canal llega y cuánto está dispuesto a pagar, y ofrecen la habitación correcta, al precio correcto, en el momento correcto. El resultado es una reserva más simple para el cliente y un ingreso más rentable para el hotel.
Piense en la reunión de los lunes de un hotel vacacional de ciento ochenta habitaciones. El gerente general revisa la ocupación del fin de semana y celebra que estuvo casi llena. El director financiero, a su lado, señala que el ingreso por habitación disponible no creció en la misma proporción, y que buena parte de las reservas llegó por canales con comisión alta. El director de ventas admite que nadie sabe cuántas personas abandonaron el formulario de reservas a mitad de camino. Ocupación alta, ingreso mediocre y un cliente que se perdió sin que el sistema lo registrara. Esa es la escena que el Revenue Management automatizado busca cambiar.
Detrás hay una verdad poco cómoda para la industria. Todos queremos vacacionar y desconectarnos de la rutina, pero para llegar al destino primero hay que reservar, y hacerlo mientras todavía estamos absorbidos por el trabajo y la vida personal. Si ese trámite es tedioso, el viajero busca otro hotel. La reserva es el primer contacto con un cliente potencial, y la experiencia que reciba en ese momento decide si se convierte en huésped del hotel o de su competidor. Una gestión ágil y personalizada de la reserva es, por tanto, una ventaja comercial y no un asunto de tecnología.
La presión sobre el margen es real. Un estudio de Kalibri Labs, citado por la Escuela de Hotelería de Cornell, mostró que los costos de distribución crecían al doble del ritmo del ingreso por habitaciones, y que la relación entre reservas directas e indirectas en Estados Unidos cayó de 4,3 a 1 en 2011 a 2,7 a 1 en 2015. Los autores advierten que no se trata de culpar a las agencias de viajes en línea, que también generan demanda incremental, sino de administrar su papel con una estrategia y de hacer visible el costo de adquisición de cada reserva (Cornell SC Johnson College of Business, entrevista con Mark Lomanno). Automatizar sin una lógica de ingresos solo vuelve más eficiente un canal que quizá no conviene.
El Revenue Management consiste, de manera breve, en encontrar el momento adecuado para venderle a un cliente: el producto correcto, en el tiempo correcto, de la manera correcta, por el canal correcto y al precio correcto. La investigación de la Escuela de Hotelería de Cornell lo describe como el conjunto de estrategias con que los negocios de capacidad limitada obtienen el mayor ingreso posible, ofreciendo el servicio adecuado al cliente adecuado, en el momento y al precio adecuados (Withiam, A 4-C Strategy for Yield Management, Cornell). Un hotel tiene exactamente esa naturaleza, porque la habitación que no se vende esta noche no se recupera mañana.
En la práctica, usar Revenue Management es analizar cuándo existe un escenario casi ideal para un cliente y, en esa ventana de oportunidad, generar una venta fácil y digerible. El huésped no debería sentirse presionado ni atrapado en un proceso tedioso, sino percibir que se le ofrece algo que realmente necesita, cuando lo necesita y a un costo que se ajusta a su presupuesto. Para profundizar en el concepto y su diferencia con otras disciplinas, puede consultar nuestra explicación de qué es Revenue Management y el análisis sobre qué es pricing y cómo se diferencia del Revenue Management.
Dentro de la industria hotelera las ventanas para vender son numerosas y variadas. Hay factores que despiertan el interés de un cliente en un momento preciso: la agilidad y sencillez para reservar por el canal adecuado, las fechas del año que se prestan para viajar, las amenidades de la habitación y su ajuste a una familia, una pareja o un grupo, las actividades o tours que ofrece el lugar y, desde luego, las tarifas. Todo ello debe considerarse para ofrecer al visitante potencial la propuesta más acertada, de modo que su experiencia de adquirir un hospedaje sea casi tan placentera como las vacaciones mismas.
Los segmentos ilustran la diferencia. Una familia que planea las vacaciones escolares con meses de anticipación valora la certeza del precio y una habitación conectada. Un ejecutivo que reserva el miércoles para el jueves se fija en la ubicación y en la facilidad de cambio. Un grupo corporativo que organiza un evento negocia fechas, salones y bloques de habitaciones. Cada uno responde a un mensaje, un canal y una tarifa distintos, y ofrecerles lo mismo es la forma más cara de vender.
La automatización es lo que vuelve operable el Revenue Management, porque construye los caminos que capturan los datos necesarios para conocer cada vez mejor al cliente. Una parte de esa capacidad descansa en la automatización de procesos comerciales sobre un CRM, que registra cada interacción y dispara las acciones correctas en el momento correcto. Tres frentes concentran el mayor retorno.
El primero es el análisis de percepción del hotel. La opinión de quien ya usó un servicio es el punto de partida de muchos compradores, y para un hotel esos comentarios están dispersos en agencias en línea, sitios de viajes, redes sociales y metabuscadores. Automatizar su monitoreo permite responder con rapidez, detectar problemas recurrentes y destacar, en esos mismos canales, las mejores reseñas que reflejan lo que el hotel ofrece. Una reseña que menciona la atención del personal en el desayuno vale más que cualquier eslogan, y el sistema puede ayudar a que llegue al lugar donde el viajero decide.
El segundo son los canales de reservación. El correo electrónico, los formularios digitales y el sitio web captan información sobre los intereses de un cliente potencial y, a su vez, son vías eficientes para entregarle información decisiva. Al buscar una reserva, conviene canalizar todo lo que genere interés, como buenas tarifas, atributos de la infraestructura y del entorno, y ofertas variadas para distintos perfiles. Además, lo que se recibe debe gestionarse: segmentar los datos según el comportamiento aprendido permite ajustar los momentos, los temas y los contenidos de las siguientes comunicaciones, para que cuando el cliente reciba un mensaje sea justamente el que buscaba.
El tercero son los canales informativos. Blogs, boletines y contenidos de interés permiten conocer los gustos de los visitantes y calificarlos. Si un hotel publica contenido sobre actividades en la naturaleza o en la playa, puede medir cuánto interés genera cada tema y convertir esa señal en actividades y paquetes concretos para sus huéspedes. Esos mismos materiales sirven después para llegar a nuevos nichos y despertar el interés de otros clientes potenciales, acompañados de herramientas que capturen sus datos. Existen además otras rutas de automatización, y conviene estudiar todos los procesos de comunicación y venta del hotel para evaluar cuáles se pueden automatizar.
Imagine un hotel de playa que descubre, al cruzar sus datos, que los visitantes que leen contenidos sobre buceo reservan estancias más largas y gastan más en tours que quienes llegan por promociones de precio. El director de ingresos decide invertir en un paquete de buceo con tarifa dinámica, lo comunica solo a ese segmento y mide la conversión. No necesitó bajar el precio de la habitación para llenar el hotel, sino entender qué quería ese huésped y ofrecérselo en el canal adecuado.
En un hotel urbano de negocios, la lógica es inversa. La demanda se concentra de lunes a jueves y la ocupación de fin de semana depende de ofertas que atraigan a familias de la región. Automatizar los correos de preferencias, la reactivación de huéspedes frecuentes y las ofertas de último momento permite cubrir esa brecha con una venta directa en lugar de recurrir al canal de mayor comisión. En ambos casos, la tecnología es la misma. Lo que cambia es la pregunta de negocio que la guía, y esa pregunta nace de la estrategia de ingresos, no de la herramienta. Algunas de estas decisiones se apoyan en nuestro análisis sobre cómo el margen de un hotel depende de las estrategias de pricing.
Un tercer caso es el de un hotel boutique de montaña con treinta habitaciones y una cocina de autor. Su mayor activo no es la habitación sino la experiencia completa, y su sistema de reservas casi siempre la vende como una simple noche de alojamiento. Cuando el director de ingresos empieza a registrar qué huéspedes reservan la cena de degustación o el recorrido guiado, descubre que ese grupo paga tarifas más altas, cancela menos y recomienda más. La automatización le permite ofrecer ese paquete al viajero que lo valoraría, en lugar de enviar la misma promoción a toda la base. Para un hotel pequeño, la lección es que el Revenue Management no consiste en cobrar más por la misma habitación, sino en construir propuestas por las que cierto huésped está dispuesto a pagar más.
Quien promete que la automatización resuelve por sí sola la rentabilidad de un hotel omite los costos. El primero es la calidad de los datos. Un CRM alimentado con registros duplicados, correos incorrectos o reservas sin canal de origen produce segmentos falsos, y las decisiones de precio tomadas sobre ellos pueden ser peores que la intuición de un buen director de ventas. El segundo es la percepción del huésped. Un cliente que recibe tres mensajes diarios sobre ofertas que no pidió no se siente atendido sino perseguido, y la frecuencia debe tener un tope definido por quien conoce la marca.
El tercero es la dependencia de las reglas. Un sistema de tarifas dinámicas que reacciona a cada movimiento de la competencia puede entrar en una guerra de precios que erosiona el valor de la marca, y por eso la supervisión humana de los parámetros debe ser permanente. Existe además un contrapeso comercial: reducir el peso de los canales de comisión alta es deseable en general, pero para un hotel nuevo o poco conocido esos canales siguen siendo una vitrina que no puede reemplazar de un día para otro. La decisión correcta suele ser gradual, medida por margen neto y revisada cada temporada.
Para el gerente general y el director de ingresos, automatizar el Revenue Management mueve la conversación de la ocupación hacia la rentabilidad por habitación disponible y por cliente. Esto implica aceptar que no toda reserva es deseable: una habitación vendida con una comisión elevada a un cliente que nunca volverá cuesta más que una noche vacía en algunos escenarios, y un sistema bien diseñado hace visible esa diferencia. Atraer, convertir y fidelizar dejan de ser tres áreas con presupuestos separados y se vuelven un solo recorrido con un solo responsable.
Para el director comercial y el de experiencia, el desafío es la coherencia. De poco sirve ofrecer una reserva ágil si el correo de confirmación llega genérico o si el huésped repite sus preferencias en cada visita. La personalización basada en datos es la forma más económica de fidelizar, y exige un CRM que unifique la historia del cliente. Para finanzas, el beneficio es previsibilidad: cuando la demanda se conoce por segmento y canal, el pronóstico mejora y las decisiones de precio dejan de apoyarse en intuiciones. Todo esto exige reglas claras sobre qué se automatiza y qué conserva criterio humano, especialmente en grupos y eventos.
Hay además una decisión que corresponde a la dirección general y que ninguna herramienta puede tomar por ella: cuánto del ingreso del hotel quiere controlar directamente y cuánto está dispuesta a ceder a los intermediarios a cambio de alcance. No existe una proporción correcta para todos los hoteles. Depende de la marca, de la temporada, de la ubicación y de la capacidad del equipo para sostener un canal propio. Lo que sí es indispensable es que esa proporción se elija de manera deliberada, con cifras de margen neto por canal sobre la mesa, y no que resulte de la inercia de los últimos años.
Un consultor con experiencia le recomendaría comenzar por la reserva, no por la herramienta. Recorra usted mismo el proceso desde un teléfono, como lo haría un huésped, y anote cuántos pasos exige, qué datos pide y qué recibe al final. Luego solicite a su equipo tres cifras: qué porcentaje de las reservas llega por cada canal, cuánto cuesta cada uno incluyendo comisiones y qué proporción de visitantes abandona el formulario sin completarlo.
Con esa fotografía, elija un solo segmento, por ejemplo familias o ejecutivos, y diseñe para él una secuencia automatizada que recoja sus preferencias, le ofrezca contenido útil y le proponga una tarifa o un paquete coherentes con lo que declaró. Mida durante unas semanas la conversión y el ingreso neto de comisiones, y compare con un periodo anterior. Si el resultado es favorable, extienda la lógica a otros segmentos. Si no lo es, el aprendizaje sobre dónde se pierde el cliente ya habrá valido el ejercicio.
Vale la pena acompañar ese primer piloto con una regla de gobierno sencilla. Designe a una persona responsable del recorrido completo de la reserva, desde el primer clic hasta el regreso del huésped, y fije una reunión mensual breve en la que ventas, ingresos y operaciones revisen las mismas tres cifras. Cuando los tres equipos miran los mismos números, las discusiones sobre descuentos, comisiones y mensajes dejan de ser un debate de opiniones y se convierten en decisiones con un costo y un beneficio conocidos.
Regrese, para terminar, a la reunión del lunes. Un trimestre después, el gerente general sigue revisando la ocupación del fin de semana, pero ahora el director financiero puede mostrar el ingreso neto por habitación disponible según el canal de origen, y el director de ventas sabe en qué paso del formulario se pierde cada visitante. Nadie ha prometido una ocupación perfecta. Lo que cambió es que la mesa conversa con datos y que cada reserva que entra al hotel responde a una decisión y no a una casualidad.
ICX Consulting acompaña a hoteles y operadores de hospitalidad a convertir sus datos de reservas en decisiones de ingreso. Partimos de la estrategia de precios y de canales, apoyándonos en nuestros servicios de gestión de ingresos y de gestión de la demanda, y después diseñamos las automatizaciones que capturan y activan los datos sobre su plataforma de CRM. Nuestra experiencia en la industria de la hospitalidad incluye el diseño del recorrido del huésped, y puede comenzar con el kit de herramientas de recorrido del cliente para identificar dónde se enfría su interés.
¿Quiere saber cuánto margen está perdiendo su hotel entre canales y reservas abandonadas? Solicite un diagnóstico con un consultor de ICX.
No. Libera al equipo de tareas repetitivas como confirmaciones y recordatorios, y le permite concentrarse en grupos, eventos y clientes de alto valor, donde la negociación humana marca la diferencia. La automatización decide qué mensaje enviar y cuándo, y la persona interviene donde hay matices.
Como mínimo, el historial de reservas por canal, segmento y fecha, las tarifas ofrecidas, las cancelaciones y los costos de cada canal. Con el tiempo se suman las preferencias declaradas, el comportamiento en el sitio web y las opiniones. Lo esencial es que la información esté unificada en un solo lugar.
Las mejoras en la conversión del proceso de reserva suelen verse en las primeras semanas, mientras que el efecto sobre el ingreso por habitación y la lealtad requiere varios ciclos de temporada. Por eso conviene fijar una línea de base antes de empezar.
Sí, porque el principio es el mismo y las herramientas actuales permiten empezar con un CRM y reglas sencillas. En un hotel pequeño, el valor está en reducir la dependencia de los canales de mayor comisión y en conocer a cada huésped por su nombre.
Los hoteles que mejor venden no son los que más descuentan, sino los que reconocen el momento en que un viajero está listo para reservar. Si quiere que su proceso de reservas se parezca al descanso que usted ofrece, el equipo de ICX Consulting puede ayudarle a diseñarlo, medirlo y llevarlo a su operación.
El problema estructural se da cuando el margen se analiza como un resultado y no como una decisión
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