Lo que está en juego cuando una empresa no segmenta su portafolio
Cuando una empresa no segmenta su portafolio, fija precios sobre una estructura que nunca definió. Trata como equivalentes productos con costos,...
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Eficiencia Operativa
12 minutos de lectura
Iván Arroyo | 05/06/2025
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Iván Arroyo | 05/06/2025
Pricing es la disciplina que determina el precio adecuado de un producto o servicio a partir de sus costos, de la competencia y del valor que percibe el cliente. Revenue Management es una disciplina más amplia que, además del precio, gestiona la demanda, el tiempo y la capacidad instalada para maximizar los ingresos totales de la empresa.
Cuando se trata de desarrollar estrategias de precios, comúnmente llegan a la mente los términos Pricing y Revenue Management. Muchas personas los confunden y los usan de forma indistinta creyendo que son lo mismo, pero no lo son. Cada uno juega un papel distinto y complementario en la maximización de los ingresos y la rentabilidad, y entender la diferencia permite implementar estrategias efectivas que aprovechen al máximo las oportunidades de mercado y mejoren los resultados financieros de su empresa.
Imagine que usted es el director de un hotel que experimenta fluctuaciones en la ocupación a lo largo del año. El Pricing tradicional le ayudará a establecer tarifas competitivas que cubran sus costos operativos y generen una ganancia. Pero ¿qué ocurre cuando hay una alta demanda en temporada alta o una baja afluencia en temporada baja? Aquí es donde el Revenue Management entra en juego, ajustando automáticamente los precios para maximizar la ocupación y los ingresos según el comportamiento del cliente en tiempo real.
La escena tiene equivalentes en casi cualquier comité de dirección. El director financiero presenta un margen que se encoge aunque las ventas crecen, la directora comercial explica que hubo que conceder descuentos para cumplir la cuota y operaciones señala semanas en que la capacidad sobra y otras en que no alcanza. Nadie discute que el precio importa. Lo que no está claro es quién lo decide, con qué información y con qué frecuencia, y esa ambigüedad suele esconder la confusión entre Pricing y Revenue Management.
El Pricing, por lo general, se asocia con una visión más estática del precio, basada en análisis de costos, valor percibido y la competencia. El Revenue Management va un paso más allá al monitorear variables como la demanda, la disponibilidad de productos o servicios y el comportamiento del consumidor, con el objetivo de ajustar continuamente los precios y optimizar los ingresos. Esta estrategia se ha vuelto fundamental en industrias donde la capacidad es limitada y la demanda fluctúa constantemente, como la aviación, la hotelería o el entretenimiento.
A lo largo de este artículo desglosamos qué es Pricing y cómo se diferencia del Revenue Management, cómo se aplica cada uno en distintos contextos, las herramientas más utilizadas en cada caso y por qué la comparación competitiva puede ser el factor decisivo para gestionar los ingresos con eficiencia. Quien quiera partir de la base de costos puede revisar primero qué es la gestión de costos, porque ninguna de las dos disciplinas funciona sin ella.
Pricing es una estrategia que se refiere específicamente al proceso de determinar el precio adecuado para un producto o servicio. Implica un análisis detallado de los costos, la competencia y la percepción del valor por parte del cliente, con el objetivo de establecer un precio que maximice las ventas y la rentabilidad directa de cada unidad vendida.
Para la alta dirección, el argumento central es de palanca financiera. Un análisis clásico de McKinsey sobre las empresas del índice S&P 1500 estimó que un aumento de precio del 1%, con volúmenes estables, elevaría la utilidad operativa en torno al 8%. Cada punto de precio cae casi íntegro a la última línea, mientras que un punto de volumen arrastra costos variables, y por eso dejar que el precio se erosione con descuentos sin control es una de las formas más caras y menos visibles de perder margen.
Supongamos que una tienda de ropa está lanzando una nueva línea de chaquetas para la temporada de invierno. Para establecer el precio, el equipo de ventas y marketing realiza un análisis en varias etapas. Primero calcula el costo total de producción de cada chaqueta, que incluye materiales, mano de obra y costos indirectos como el transporte y el almacenamiento. Luego investiga los precios de chaquetas similares en el mercado para entender el rango de precios de la competencia. También considera la percepción de valor del cliente, es decir, cuánto estaría dispuesto a pagar por una chaqueta de alta calidad en comparación con otras marcas. Con esa información, decide fijar el precio de las chaquetas en $120, un 10% por debajo de los competidores directos, para atraer a más clientes y ganar cuota de mercado.
El caso es un ejemplo de pricing, y su característica es que se centra exclusivamente en determinar el precio adecuado para maximizar las ventas y la rentabilidad de cada chaqueta vendida. Es una decisión necesaria y valiosa, pero no responde a lo que pasará cuando llegue la tercera semana de enero y el inventario de tallas grandes siga en las perchas.
Pensemos ahora en un hotel de categoría de lujo, ubicado en una ciudad bastante turística, que quiere maximizar sus ingresos durante la temporada alta de vacaciones. Para ello analiza datos históricos de ocupación, tarifas y eventos locales que afectan la demanda. Identifica distintos segmentos de clientes, como turistas de ocio, viajeros de negocios y asistentes a eventos, y ajusta su oferta para cada uno. Ofrece, por ejemplo, paquetes de vacaciones con descuento para familias que reserven con tres meses de anticipación y tarifas más altas para reservas de último minuto durante eventos importantes como los festivales locales.
El hotel va un paso más allá y utiliza modelos predictivos y algoritmos de machine learning para anticipar picos y valles en la demanda, ajustando proactivamente las tarifas de las habitaciones. En los periodos de alta demanda incrementa las tarifas para maximizar los ingresos, y en los de baja demanda ofrece promociones y descuentos para mantener la ocupación. Además, monitorea continuamente las tarifas de los competidores y ajusta sus precios en consecuencia para mantenerse competitivo. Este enfoque más holístico y dinámico le permite maximizar sus ingresos generales al gestionar eficazmente la oferta, la demanda y la capacidad instalada.
La literatura académica de hotelería resume esta lógica con una fórmula que se ha vuelto clásica. El Centro de Investigación en Hotelería de la Universidad de Cornell describe la gestión del rendimiento como un conjunto de estrategias para industrias de servicios con capacidad limitada, cuyo propósito es ofrecer el servicio correcto al cliente correcto, en el momento correcto y al precio correcto, y propone cuatro palancas para lograrlo, el calendario, el reloj, la capacidad y el costo. La diferencia con el caso de las chaquetas salta a la vista. Allí el precio era una decisión. Aquí es un sistema que decide muchas veces al día.
Detrás de ese sistema hay un modelo de costos que permite saber qué segmento y qué canal dejan realmente margen. Los modelos basados en tiempo, como los que explicamos en TDABC, la revolución de los modelos de costo ABC, son especialmente útiles cuando el costo de servir varía mucho entre clientes.
Cuando hablamos de Revenue Management nos referimos a una disciplina más amplia y compleja que busca maximizar los ingresos totales de una empresa mediante la gestión dinámica de precios, el valor del tiempo y la capacidad instalada. Esta disciplina no solo incluye la fijación de precios, como lo hace el pricing, sino también la segmentación de clientes, el análisis de datos históricos y predictivos y la adaptación de las estrategias de marketing y ventas para optimizar la capacidad instalada y la rentabilidad en función de la demanda cambiante. Si desea conocer más a fondo esta disciplina, puede consultar mi artículo ¿Qué es Revenue Management?

Mientras que el Pricing es una parte integral del Revenue Management, este último abarca un enfoque más holístico que considera múltiples variables y utiliza técnicas avanzadas de análisis para tomar decisiones estratégicas. En términos de gestión, el Pricing decide el precio de un producto, revisándolo por temporada o por negociación, y busca rentabilidad por unidad. El Revenue Management decide la combinación de precio, segmento, canal y momento, ajusta tantas veces como cambie la demanda y busca el ingreso total sobre una capacidad que caduca, para lo cual añade pronóstico de demanda, segmentación fina y, cada vez más, algoritmos. Una empresa que intenta lo segundo sin dominar lo primero termina moviendo precios sin saber si cubre sus costos.
Las herramientas del Pricing son diversas y están diseñadas para ayudar a las empresas a determinar el precio más adecuado para sus productos o servicios, teniendo en cuenta los múltiples factores que influyen en la decisión de compra y en la competitividad del mercado. Conviene revisarlas una por una, porque cada una responde a una pregunta distinta de la dirección.
El cálculo de todos los costos asociados con la producción y comercialización de un producto o servicio es importante para la toma de decisiones estratégicas. Es necesario determinar tanto los costos fijos como los variables para comprender cuánto cuesta fabricar y vender cada unidad. Solo entendiendo en profundidad la estructura de costos se puede establecer un precio que cubra los gastos y proporcione un margen suficiente para garantizar la viabilidad del negocio a largo plazo. Para ordenar esa estructura, resulta útil comprender qué son los centros de costo y cómo se asignan a productos y clientes.
Realizar estudios de mercado permite descifrar la compleja dinámica entre la oferta y la demanda dentro de un sector. Mediante técnicas como encuestas, grupos focales y el análisis minucioso de los datos de ventas, es posible identificar tendencias emergentes, calibrar con precisión el potencial de la demanda y determinar el umbral de precio que los consumidores están dispuestos a pagar por un artículo o servicio en particular. Este conocimiento del mercado resulta básico para fijar precios competitivos que maximicen las probabilidades de éxito comercial.
Existen varias estrategias de fijación de precios que las empresas pueden utilizar, dependiendo de sus objetivos y del contexto del mercado. Algunas responden al tiempo y a la demanda. Los precios dinámicos ajustan el precio en tiempo real en respuesta a la demanda, la competencia y otros factores del mercado, y son comunes en la hotelería y la aviación, donde la demanda puede variar significativamente. Los precios de penetración fijan un precio bajo para un nuevo producto con el fin de atraer rápidamente a un gran número de clientes y ganar cuota de mercado, y una vez establecida la base de clientes la empresa puede aumentar los precios de forma gradual. Los precios de descremado hacen lo contrario, fijan un precio alto al inicio para captar los ingresos de los consumidores dispuestos a pagar más y luego lo reducen gradualmente para atraer a un segmento más amplio.
Otras estrategias se apoyan en la percepción del cliente. Los precios psicológicos se basan en cómo el consumidor lee el número. Un ejemplo común es fijar el precio en $29.99 en lugar de $30.00 para que el producto parezca más barato, porque de forma inconsciente el consumidor presta menos atención a los números después del punto decimal y el primer dígito da la ilusión de que el precio está en la categoría de los $20.00 y no de los $30.00. Los precios de valor percibido se basan en el valor que los consumidores perciben en el producto o servicio y no en su costo de producción, de modo que se fijan según los beneficios que los clientes creen que recibirán. Son comunes en productos de lujo, donde la marca y la calidad percibida tienen un peso importante en la decisión de compra.

Una tercera familia mira al mercado. Los precios de competencia, también conocidos como precios competitivos, se fijan a partir de los precios de productos similares, ya sea igualándolos, bajándolos o incrementándolos ligeramente para destacar la oferta propia. La última familia trabaja sobre la arquitectura del portafolio. Los precios de captura establecen un precio bajo para un producto base y precios más altos para los complementos o accesorios necesarios para usarlo, como ocurre con las impresoras y sus cartuchos de tinta o las cafeteras y sus cápsulas. Los precios de paquete venden varios productos o servicios juntos a un precio único más bajo que si se compraran por separado, lo que aumenta el valor percibido y el ticket promedio. Los precios freemium, comunes en el software y los servicios digitales, ofrecen una versión básica gratuita y cobran por las funciones avanzadas, de modo que atraen una amplia base de usuarios y convierten a una parte en clientes de pago. Los precios de suscripción, por último, fijan un pago recurrente, típicamente mensual aunque puede ser anual, por el acceso continuo a un producto o servicio, como en las plataformas de streaming, el software, los gimnasios o los clubes, y generan ingresos regulares y predecibles.
Ninguna de estas estrategias es buena o mala en abstracto. Un banco puede usar penetración para ganar clientes en una cuenta digital y paquete para elevar la vinculación, y una operadora de telecomunicaciones combina suscripción, paquete y descremado en el mismo catálogo. La decisión de la dirección es elegir la estrategia de cada segmento del portafolio y no aplicar una sola a todo, un error que analizamos en cómo segmentar el catálogo para una mejor estrategia de pricing.
Las herramientas de comparación competitiva permiten analizar los precios de productos similares en el mercado. Esto incluye el monitoreo de precios de la competencia, la comparación de características de productos y la evaluación de la propuesta de valor de cada competidor. Estas herramientas ayudan a ajustar los precios de manera que sean competitivos y atractivos para los consumidores, sin sacrificar la rentabilidad. En muchos mercados resulta el factor decisivo, porque el cliente evalúa el precio frente a una alternativa y no en el vacío.
Existen varias soluciones de software diseñadas para ayudar a gestionar y optimizar las estrategias de precios. Estos programas pueden automatizar el ajuste de precios, proporcionar análisis en tiempo real y ofrecer recomendaciones basadas en datos para maximizar los ingresos. Son especialmente útiles, yo diría indispensables, para aquellas empresas cuya cartera de productos es grande, que atienden diferentes segmentos y cuyas estrategias de precios suelen ajustarse con frecuencia. El valor del software depende, sin embargo, de la calidad de los datos que lo alimentan, y por eso conviene empezar por transformar los datos en decisiones empresariales antes de comprar una herramienta.
Todas las empresas necesitan Pricing. No todas necesitan Revenue Management en su forma completa. La pregunta útil es si la empresa vende una capacidad que caduca y si su demanda varía de forma predecible. Cuando ambas condiciones se cumplen, el Revenue Management deja de ser opcional. Es el caso evidente de aerolíneas, hoteles, eventos y parqueos, pero también de un hospital privado cuyos quirófanos vacíos no se recuperan o de una empresa de logística cuyos camiones salen con espacio libre.
En retail y consumo masivo, la lógica se traslada al inventario de temporada, y las rebajas escalonadas de la tienda de chaquetas son una forma de Revenue Management. En banca y seguros, donde la capacidad no es física, la disciplina se expresa en la fijación de tasas y primas por segmento de riesgo y en la gestión de la rentabilidad por cliente. En manufactura B2B, la mayor oportunidad suele estar en la disciplina de precios, en las listas, los descuentos por volumen y las condiciones comerciales, antes que en algoritmos dinámicos. Saber dónde está su empresa en ese espectro evita invertir en sofisticación que no necesita o, al revés, seguir fijando precios con una hoja de cálculo cuando la demanda cambia cada hora.
Para el director general y el director financiero, la primera decisión es de gobierno. El precio no puede ser un resultado de la negociación de cada vendedor ni un número que marketing fija una vez al año. Necesita un dueño, una política y un tablero que muestre el margen realizado frente al margen planeado. Tratar el precio como decisión estratégica protege la rentabilidad de cada venta y evita la espiral de descuentos que entrena al mercado a esperar la próxima rebaja.
La segunda decisión es de capacidades. El Revenue Management exige datos limpios, pronósticos de demanda, segmentación y un equipo que sepa leerlos, y esas capacidades tardan en construirse. Por eso conviene secuenciarlas, primero la base de costos y la política de precios, después la segmentación del portafolio y del cliente, y solo entonces los precios dinámicos y los algoritmos. Saltarse etapas produce sistemas sofisticados que optimizan sobre supuestos equivocados.
Un consultor con experiencia en precios suele proponer tres conversaciones antes de tocar un solo precio. La primera es con finanzas, para conocer el costo real de servir a cada segmento y a cada canal, no solo el costo del producto. La segunda es con ventas, para medir cuánto se pierde entre el precio de lista y el precio de bolsillo, es decir, lo que la empresa realmente cobra después de descuentos, bonificaciones y condiciones especiales. La tercera es con operaciones, para identificar qué capacidades caducan y en qué momentos sobra o falta demanda.
Con esas tres respuestas, la dirección puede decidir si su prioridad es fortalecer el Pricing, introducir prácticas de Revenue Management o ambas. Con frecuencia, el primer trimestre se paga con la corrección de descuentos que nadie revisaba.
ICX Consulting acompaña a las empresas en ambas disciplinas desde su práctica de estrategia de precios. Nuestra metodología PCR (Pricing, Costing & Revenue Management) realiza un diagnóstico integral de precios, costos e ingresos, que puede conocer en detalle en el artículo sobre la metodología PCR, y Pricing IQ lleva esas decisiones a la operación diaria. Trabajamos el desarrollo de la estrategia de precios y la gestión de ingresos con el mismo modelo de datos, de modo que el precio, la demanda y el costo hablen el mismo idioma.
Para empezar a segmentar su portafolio con datos, descargue la plantilla de análisis de tráfico y Pareto e identifique qué productos y clientes concentran sus ingresos y su margen.
No. Nació en esas industrias porque venden capacidad que caduca, pero su lógica aplica a cualquier empresa con capacidad limitada y demanda variable, como hospitales, logística, eventos, parqueos o centros de datos. En retail y consumo masivo se expresa en la gestión de inventario de temporada, promociones y precios por canal.
Pricing. Sin una base de costos confiable y una política de precios clara, el Revenue Management optimiza sobre supuestos equivocados. Una vez que la empresa conoce su costo de servir, controla sus descuentos y segmenta su portafolio, puede incorporar pronósticos de demanda y precios dinámicos con menos riesgo.
Es lo que la empresa realmente cobra después de descuentos, bonificaciones, plazos y condiciones especiales. La diferencia con el precio de lista suele ser mayor de lo que la dirección cree, y medirla por cliente y vendedor es la forma más rápida de recuperar margen.
Aunque Pricing y Revenue Management son términos que a menudo se confunden, cada uno tiene un rol distinto y complementario en la gestión de ingresos y rentabilidad de una empresa. El Pricing se enfoca en determinar el precio adecuado para un producto o servicio, considerando factores como los costos, la competencia y la percepción del cliente, y su principal objetivo es maximizar las ventas y la rentabilidad por unidad vendida mediante herramientas como el análisis de costos, los estudios de mercado y las distintas estrategias de fijación de precios.
El Revenue Management, en contraste, adopta una perspectiva más integral y estratégica que no solo incluye la fijación de precios, sino también la gestión dinámica de precios, la segmentación de clientes, el análisis de datos históricos y predictivos y el ajuste de las estrategias de marketing y ventas para optimizar la capacidad y la rentabilidad en función de una demanda fluctuante. Este enfoque utiliza técnicas avanzadas, como los modelos predictivos, para anticipar cambios en la demanda y ajustar proactivamente las tarifas, maximizando así los ingresos generales.
Entender las diferencias entre estos conceptos permite implementar estrategias eficaces que aprovechen al máximo las oportunidades del mercado y mejoren los resultados financieros. Al combinar la táctica precisa del Pricing con la visión amplia del Revenue Management, usted puede gestionar sus ingresos de manera integral y optimizar la rentabilidad de su empresa. Si desea saber cuánto margen está dejando hoy en descuentos, capacidad ociosa o precios desactualizados, solicite un diagnóstico con un consultor de ICX y empiece por la decisión que más rápido mueve su utilidad.
Cuando una empresa no segmenta su portafolio, fija precios sobre una estructura que nunca definió. Trata como equivalentes productos con costos,...
Bajar el precio porque un competidor lo hizo suele sentirse como una decisión rápida, prudente y hasta inevitable.
Tu estrategia de pricing ya fracasó si todos tus productos reciben el mismo tratamiento