Crea contenido para cada etapa del proceso de compra de tus clientes
Crear contenido para cada etapa del proceso de compra significa entregar a cada cliente la información que necesita en el momento en que la necesita,...
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Eficiencia Operativa
8 minutos de lectura
Katerine Rodriguez | 29/05/2025
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Katerine Rodriguez | 29/05/2025
Una infografía se crea en cuatro decisiones: reunir información verificada, definir a quién se dirige, ordenar el contenido con una estructura visual clara y publicarla de modo que también pueda leerse como texto. Bien hecha, condensa una idea compleja en una sola pieza que un directivo puede entender en segundos y compartir con su equipo o con sus clientes.
Piense en la reunión de ventas de un viernes por la tarde. El director comercial necesita explicar a diez vendedores el nuevo proceso de calificación de oportunidades, y lleva un documento de catorce páginas que nadie va a releer. Un mes después, la mitad del equipo aplica el proceso a su manera y la otra mitad ni siquiera lo recuerda. Ahora imagine que el mismo contenido cabe en una sola pieza visual que muestra las etapas, los criterios de paso y los responsables, y que cada vendedor la tiene a la vista en su pantalla. No cambió el proceso. Cambió la forma de comunicarlo, y con ella la probabilidad de que alguien lo use.
Esa diferencia explica por qué una infografía llama tanto la atención. Según estudios de Neuromarketing.la, la mente de una persona retiene con más facilidad un contenido visual y diagramado que uno escrito en puro texto, y es así como los niños aprenden a diferenciar colores y letras y reconocen la asociación entre ícono y palabra. Para una estrategia de inbound marketing, crear contenido visual para las personas es muy importante, pero surge la duda de qué se necesita para hacer una buena infografía con buen contenido. Este artículo responde esa pregunta desde la mirada de quien decide dónde invertir el tiempo de su equipo de mercadeo y de ventas.

La razón por la que las organizaciones invierten en infografías no es estética. Es que resuelven un problema que casi todas comparten: tienen conocimiento valioso, pero está encerrado en documentos largos, presentaciones densas o en la cabeza de pocas personas. Una infografía convierte ese conocimiento en un activo que se puede compartir, citar y reutilizar. Sirve para explicar un proceso a un equipo nuevo, para presentar una propuesta de valor a un comité de compras, para sintetizar un estudio en un artículo de blog o para dar a un cliente una pieza que ordene lo que acaba de escuchar en una reunión.
Para el área comercial, el beneficio es doble. Por un lado, reduce el tiempo que el vendedor dedica a explicar lo mismo una y otra vez. Por otro, da a quien compra una pieza fácil de reenviar dentro de su organización, lo cual importa mucho en ventas B2B, donde la decisión rara vez la toma una sola persona. Para mercadeo, una buena infografía atrae tráfico cuando responde una pregunta real, fortalece la autoridad de la marca y alimenta los canales sociales con contenido que se entiende sin necesidad de abrir un enlace.
Conviene, no obstante, una advertencia. Una infografía mal pensada es peor que ninguna: un mosaico de datos sin hilo conductor cansa, confunde y daña la credibilidad de quien la publica. Por eso la calidad no depende del software de diseño, sino de las decisiones previas que se resumen a continuación, que son las mismas que tomaría un editor de una revista de negocios antes de encargar un gráfico.
Lo primero es decidir qué tipo de información se desea mostrar, porque según los datos existen formas óptimas de visualizarlos. Si se trata de acontecimientos por fechas, lo más probable es que convenga una línea de tiempo que ilustre los momentos importantes. Si se necesitan datos estadísticos, lo adecuado es un esquema de gráficos. Un proceso, por su parte, se explica mejor con un flujo de etapas, y una comparación, con columnas paralelas. Elegir la forma correcta es la mitad del trabajo, y suele ser la que más se descuida.
Un punto central en esta etapa es verificar la veracidad de la información y respetar los derechos de autor. Sea cual sea la forma en que se muestre el contenido, la empresa puede exponerse a sanciones, incluidas las de los buscadores, si no sigue los lineamientos de propiedad intelectual. A ello se suma una razón reputacional: una cifra mal citada en una infografía circula con rapidez, y corregirla no alcanza a la misma audiencia. Y a decir verdad, no hay nada mejor que nutrirse con contenido fresco y original. Si la pieza se apoya en datos propios de la empresa, como los resultados de un estudio de clientes o el análisis de sus ventas, tendrá además algo que ningún competidor puede copiar.
De acuerdo con el público se identifica lo que se necesita. Piénselo por un segundo: ¿diseñaría igual para niños de primaria que aprenden los números que para una conferencia médica sobre la curva de aprendizaje infantil? Si el público meta son niños o adultos, según la segmentación elegida, así deben buscarse formas de mostrar la información. Para los niños, nada muy complejo en datos y cifras, sino algo más intuitivo, con colores e ilustraciones. Para los adultos, probablemente se necesiten textos cortos y datos estadísticos.
En el entorno empresarial, la pregunta equivalente es quién va a leer la pieza y qué decisión debe ayudarle a tomar. Una infografía dirigida a un director financiero pondrá en primer plano el impacto en costos y márgenes, mientras que la dirigida a un gerente de servicio destacará los pasos operativos y los tiempos. Esta claridad sobre el lector es el punto de partida de toda estrategia de contenidos, y se trabaja con herramientas como el mapa de empatía, que ayuda a entender qué piensa, siente y necesita la persona a la que se quiere hablar.
Recuerde que puede mezclar formas gráficas para ordenar la información. El secreto está en potenciar cada uno de los recursos que se utilicen como un conjunto, y no como piezas por separado. Un gráfico de barras, un ícono y una frase corta funcionan mejor cuando se refuerzan entre sí que cuando compiten por la atención del lector.
Cree columnas para ordenar todo el contenido. Lo más sencillo es construir filas y columnas donde ubicar los distintos elementos de la infografía, lo cual permite, primero, encontrar un equilibrio entre ellos y, segundo, contar una historia con la información, con un hilo conductor que el espectador pueda retener mentalmente. Conviene también dividir los temas en secciones, con ayuda de bloques de color, líneas punteadas o flechas.
Al empezar a leer una infografía, ¿qué es lo primero que se nota: los colores, los títulos, las ilustraciones o las tipografías? Lo cierto es que una paleta de color armónica y adaptada al tema es fundamental para captar la atención del espectador y lograr la intención de transmitir el mensaje. En empresas con identidad de marca definida, la paleta debe respetar los colores corporativos, porque la pieza también construye reconocimiento.
Los títulos deben ordenarse según su importancia y su función dentro de la infografía. A los de mayor relevancia se les puede dar más énfasis con la versión en negrita de cualquier tipografía y un tamaño de fuente mayor, por ejemplo 24 píxeles para los títulos principales y 18 para los secundarios, mientras que el cuerpo del texto se escribe en estilo regular de la misma familia. Esa jerarquía permite que un lector con poco tiempo, como un directivo entre dos reuniones, capte la idea central en la primera mirada y decida si vale la pena profundizar. Para ver este criterio aplicado, pueden consultarse las infografías de ICX sobre los 8 pilares de una campaña de inbound marketing y las 6 mejores prácticas para mejorar procesos.
Una infografía publicada como una imagen sin más es invisible para quien usa un lector de pantalla y poco útil para los buscadores. Las pautas de accesibilidad de la W3C establecen que todo contenido no textual debe tener una alternativa de texto que cumpla el mismo propósito, y para imágenes complejas como gráficos e infografías recomiendan dos elementos: una descripción corta que identifique el contenido y otra larga que transmita la información, con los datos en una tabla cuando sea práctico, según la guía de la W3C sobre el contenido no textual.
Desde la mirada del posicionamiento, Google indica que el texto alternativo es el atributo más importante para añadir metadatos a una imagen, que debe ser información útil y concisa y no una lista de palabras clave, que los nombres de archivo deben ser breves y descriptivos, y que las imágenes conviene colocarlas cerca de texto relevante, porque el buscador usa el contenido de la página para entender lo que muestran, según sus buenas prácticas para imágenes. La consecuencia práctica es sencilla: acompañe cada infografía con un texto que resuma sus puntos principales, escriba un alt descriptivo y publique la pieza dentro de un artículo que responda la pregunta que la originó.
Los siguientes escenarios son ilustrativos. Un banco regional puede explicar a sus clientes empresariales el proceso para solicitar una línea de crédito en una pieza de cinco pasos, con los documentos necesarios y los tiempos de respuesta, lo que reduce llamadas al centro de contacto y consultas repetidas. Una aseguradora puede sintetizar en una infografía la diferencia entre tipos de coberturas para que el agente la comparta por mensajería durante la conversación de venta.
Una empresa de consumo masivo puede presentar a sus distribuidores el calendario de promociones del trimestre en una línea de tiempo clara, que sustituye un correo largo que casi nadie lee. Una firma de servicios profesionales puede traducir un diagnóstico de madurez digital en un gráfico que el comité de dirección del cliente entienda sin necesidad de un informe de cuarenta páginas. En todos los casos, la pieza funciona porque nació de una pregunta concreta de un lector concreto.
Para el director general, el contenido visual es una forma de alinear a la organización. Una pieza clara sobre la estrategia, el proceso comercial o la propuesta de valor reduce la distancia entre lo que la dirección decide y lo que los equipos entienden. Para el director comercial, es una herramienta de venta: ayuda a calificar, a explicar y a mantener la conversación viva después de una reunión. Para el responsable de mercadeo, es contenido que atrae, convierte y se reutiliza en blogs, redes y correos, lo que mejora el retorno del esfuerzo de producción.
Para quien lidera el servicio y la lealtad de los clientes, las infografías de uso del producto, de preguntas frecuentes o de pasos de implementación disminuyen la fricción y elevan la satisfacción. En conjunto, el mensaje para la dirección es que un buen activo visual debe tratarse como cualquier otro activo: con un propósito, un responsable, una métrica de uso y un plan de actualización.
También hay una decisión de recursos que la dirección debe tomar con claridad: quién produce y quién aprueba. Las piezas que nacen en mercadeo sin la revisión de ventas o de operaciones tienden a simplificar de más y a contradecir lo que el cliente escucha después de boca de un vendedor. Establecer un circuito breve de revisión, en el que el experto del tema valida el contenido antes de que diseño lo convierta en imagen, evita errores costosos y protege la credibilidad de la marca ante audiencias exigentes.
Elija un tema que su equipo explique con frecuencia y que hoy se comunique con documentos extensos, por ejemplo el proceso de incorporación de un cliente o los criterios para calificar una oportunidad. Reúna a dos personas que conozcan el tema a fondo y pídales que lo expliquen en cinco pasos, como si hablaran con alguien de otra área. Ese esquema es el borrador de la infografía.
Defina después quién será su lector y qué debe hacer tras verla, elija la forma visual que mejor se adapte al contenido y pida a diseño que construya una primera versión. Publíquela en un artículo con su descripción en texto, compártala con el público que la necesita y mida su uso durante un mes. Con esa información sabrá si conviene repetir la fórmula con otros temas. Para mantener la coherencia entre piezas y canales, vale la pena apoyarse en un calendario editorial, como el que ICX comparte entre sus recursos de mercadeo.
ICX Consulting, firma de estrategia comercial y experiencia del cliente con sede en Miami y presencia en Estados Unidos y Latinoamérica, ayuda a las empresas a convertir su conocimiento en contenido que atrae y convierte. Su práctica de estrategia de marketing de contenidos define qué piezas producir, para qué etapa del recorrido del comprador y con qué indicadores, y se conecta con el servicio de inbound marketing para llevar esas piezas a la acción comercial.
Para organizar sus ideas antes de producir, el kit de mapa de empatía le ayuda a definir con precisión a quién le habla cada pieza. Y si desea revisar su estrategia de contenidos con un especialista, solicite un diagnóstico de contenidos con un consultor de ICX. También puede consultar cinco consejos para crear contenido de calidad para ampliar este tema.
Basta con un programa de diseño que permita trabajar con columnas, formas e íconos, o con las plantillas de una plataforma de diseño en línea. Más importante que la herramienta es la preparación previa: un guion de cinco o seis ideas, un lector definido y datos verificados. Con eso, incluso una herramienta sencilla produce un resultado profesional.
La necesaria para transmitir una sola idea central. Si hay que explicar dos ideas distintas, conviene hacer dos piezas. Las infografías que intentan decirlo todo suelen perder al lector en la primera mirada, mientras que las que se concentran en un mensaje se entienden y se comparten con más facilidad.
Con indicadores ligados al objetivo: visitas y tiempo en la página donde se publica, descargas o reenvíos, enlaces recibidos de otros sitios y, en ventas, si los vendedores la usan y si acorta el ciclo de conversación. Una pieza que nadie comparte ni cita probablemente no responde una pregunta que el lector tenga.
Sí, siempre que se citen con precisión, se respeten los derechos de autor y se verifique que el dato sigue vigente. Incluir la fuente en la propia pieza mejora la confianza del lector. Los datos propios de la empresa, cuando existen, aportan además un valor que otras organizaciones no pueden replicar.
Como conclusión, una buena infografía exige cuidar la forma de recopilar, procesar y clasificar la información, y también el público al que se dirige y la manera de mostrar el contenido, de modo que la persona a la que se le habla entienda cada palabra, avance en su camino de conversión y llegue a convertirse en cliente. Si su equipo directivo quiere que su conocimiento llegue con más claridad a clientes y colaboradores, el equipo de ICX está disponible para acompañarlo.

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